Pelea de gallos - María Fernanda Ampuero

 


Libro de cuentos (2018) que explora la violencia patriarcal y de clase desde el cuerpo y la intimidad. Ampuero convierte la casa, la escuela y el barrio en escenarios de terror cotidiano: niñas y adolescentes enfrentan abusos familiares, fanatismo religioso, humillaciones sociales y una masculinidad que aparece como monstruo, rito o jauría. El tono oscila entre la súplica, el rezo y el grito; la prosa es sensorial, cortante, con imágenes que arden (sangre, cloro, jaulas, gallos, ratas, crucifijos). No hay “casos aislados”: los relatos dialogan entre sí hasta armar un mapa del miedo y, a veces, de una resistencia feroz.

Trama (cómo se lee el conjunto)

Aunque son cuentos independientes, construyen una única experiencia:

  • En varios relatos, una niña o joven narra el abuso dentro de su casa y la normalización del horror.

  • Aparecen instituciones “protectoras” (iglesia, escuela, policía) como cómplices.

  • La pobreza y el trabajo doméstico marcan jerarquías de quién puede ser escuchada y quién no.

  • La violencia se hereda y se aprende; algunas mujeres se vuelven victimarias para sobrevivir.

  • La “pelea de gallos” funciona como metáfora: espectáculo de sangre, público que mira, apuestas sobre cuerpos ajenos.

Advertencias de contenido: abuso sexual infantil, feminicidio, violencia física/psicológica, lenguaje crudo, fanatismo religioso.


Análisis profundo

1) Gótico doméstico latinoamericano
El terror no viene de fantasmas sino del padre, el tío, el vecino, el cura. Ampuero “demoniza” lo cotidiano: una tina con cloro, una cocina, un dormitorio con pestillo. Lo siniestro es que todo ocurre a la vista de todos.

2) Cuerpo como campo de batalla
El asco, la sangre, las marcas: el cuerpo registra lo que la sociedad niega. Las imágenes de limpieza (cloro, agua hirviendo, baños) muestran la imposibilidad de “borrar” la violencia.

3) Religión y culpa
El catolicismo aparece como escenografía y método de control: rezos, reliquias, castigos “por amor”. La autora subvierte el lenguaje bíblico para exhibir la teología del dolor que legitima al agresor.

4) Clase, servidumbre y mirada
Niñas y mujeres pobres cuidan casas ajenas, cuerpos ajenos, secretos ajenos. La humillación no es solo sexual: también es laboral y de casta. La voz narrativa se sitúa desde abajo, sin mendigar legitimidad.

5) Forma y ritmo
Relatos breves, a veces en segunda persona o con coros de voces, listas, anáforas; frases que golpean. La elipsis produce horror: lo que no se dice suena más fuerte. Repeticiones y símbolos (gallo, jaula, ratas) tejen una semántica de la captura.

6) Ética de la representación
No hay morbo gratuito: la crudeza es política. El libro denuncia la pedagogía de la violencia (cómo se enseña a aceptar, a callar, a mirar a otro lado) y, al mismo tiempo, deja destellos de agencia: pactos entre mujeres, pequeñas venganzas, romper el silencio.


Guion de club de lectura (90–120 min)

Objetivo: leer el libro como cartografía del terror cotidiano y discutir sus estrategias estéticas y políticas.

Dinámica sugerida

  1. Apertura (10 min): cada quien comparte una imagen que no pudo sacarse de la cabeza.

  2. Bloque 1 – Espacios del miedo (25 min): casa/escuela/iglesia.

  3. Bloque 2 – Lenguaje y cuerpo (25 min): cómo escribe el dolor sin caer en el morbo.

  4. Bloque 3 – Poder y clase (20 min): quién mira, quién calla, quién es creída.

  5. Cierre (10 min): ¿qué cambia en nuestra lectura del “género” terror?

Preguntas de discusión

  1. ¿En qué momentos sentiste que “lo monstruoso” era literal y cuándo era social?

  2. ¿Cómo transforma la casa en escenario de horror? Señalen gestos materiales (cerraduras, trapos, olores).

  3. ¿Qué hace el libro con la idea de “limpieza”? ¿Se limpia para borrar, para sobrevivir o para obedecer?

  4. ¿Qué función cumple la religión: consuelo, coartada, maquinaria de culpa?

  5. Analicen un relato en segunda persona: ¿a quién interpela? ¿Nos vuelve cómplices?

  6. ¿Dónde aparece la clase social con más fuerza: en el habla, en los objetos, en los mandatos?

  7. ¿Hay espacio para la justicia o solo para la venganza?

  8. ¿Cómo trabaja la elipsis? Localicen un silencio que pese más que una escena explícita.

  9. El título: ¿quiénes pelean? ¿Quién apuesta? ¿Quién mira?

  10. ¿En qué se emparenta con otras autoras del terror rioplatense/andino contemporáneo (p.ej., Mariana Enriquez, Samanta Schweblin, Selva Almada) y en qué se diferencia?

Pasajes sugeridos para leer en voz alta
(Evita depender de paginación; busca estas escenas por su descripción en tu edición):

  • La escena de la bañera y el cloro: limpieza como ritual de negación y de culpa.

  • La descripción de una pelea de gallos: el espectáculo como analogía de la violencia contra mujeres/niñas.

  • El coro de niñas en entorno religioso: pluralidad de voces y culpa compartida.

  • Un monólogo materno que justifica el castigo “por amor a Dios”: teología de la crueldad.

  • El momento en que la narradora nombra al agresor por primera vez: acto de lenguaje como ruptura.

Actividades breves

  • Mapa de símbolos: en un papel, conecten “cloro / sangre / jaula / gallo / ratas / crucifijo” con escenas concretas.

  • Reescritura reparadora (5–7 min): tomen un final y escríbanlo desde una agencia distinta (otra voz, otra decisión).

  • Lectura comparada: lleven un fragmento de otra autora de terror latinoamericano y tracen puentes/rupturas.

Criterios de lectura crítica

  • ¿Cómo maneja la autora el equilibrio entre denuncia y estética?

  • ¿Qué decisiones formales (persona, tiempo, cortes) intensifican el efecto de horror?

  • ¿Qué responsabilidad nos asigna como lectores: mirar, creer, incomodarnos, decir?


Para cerrar

Pelea de gallos no busca consolar: incomoda para que miremos de frente aquello que suele esconderse tras la puerta de una casa “decente”. Su fuerza está en convertir la experiencia corporal y los objetos mínimos en pruebas materiales de una violencia estructural —y en recordarnos que nombrar también es pelear.