Cometierra - Dolores Reyes
Una adolescente del conurbano bonaerense descubre que, al comer tierra del lugar donde alguien desapareció, ve visiones que indican dónde están los cuerpos o por dónde buscar. El “don” aparece tras el femicidio de su madre; desde entonces, vecinas y familiares de desaparecidas llegan a su casa con frascos de tierra pidiéndole ayuda.
La protagonista (narradora en primera persona) intenta seguir en la escuela, cuidar a su hermano y sostenerse entre amistades y vínculos frágiles, mientras la policía y ciertos adultos buscan aprovecharse de su capacidad. Cada “trance” le cobra un costo físico y emocional: vómitos, fiebre, agotamiento, pesadillas. A lo largo de episodios breves y contundentes, se suceden casos de mujeres y niñas desaparecidas, el abuso institucional y la precariedad cotidiana. El final deja una salida ambigua: la joven reconoce el peso y la potencia de su don, decide protegerse y tejer redes (más con mujeres y vecinas que con instituciones), y vislumbra una forma de seguir viviendo sin dejar de mirar la violencia de frente.
Análisis profundo
1) Realismo sucio + gótico rioplatense
Reyes mezcla una oralidad áspera, barrial, con un elemento fantástico mínimo (comer tierra y ver) tratado como cotidiano. No hay explicación sobrenatural ni “folclórica”: el don funciona como metáfora material de escuchar el suelo de la historia—las capas de violencia sobre los cuerpos feminizados.
2) Cuerpo como archivo
El cuerpo de la narradora es sensor y recibidor de dolor. Ingerir tierra es una imagen radical: lo social entra por la boca y afecta estómago, fiebre, deseo. El archivo de las ausentes no está en expedientes sino en la carne de quien busca. Cada sabor de tierra (amargo, metálico, húmedo) marca clase, territorio y muerte.
3) Violencia de género y Estado ausente
La novela despliega femicidios y desapariciones como paisaje estructural. La policía aparece ineficaz o cómplice; la escuela y la salud, insuficientes. La red de mujeres (madres, vecinas, amigas) es la que sostiene la búsqueda: politiza la intuición y convierte el duelo en organización.
4) Ética del don
La protagonista enfrenta preguntas difíciles: ¿hasta dónde ayudar? ¿Qué pasa cuando aceptar dinero mercantiliza el dolor? ¿Cómo protegerse del voyeurismo de la violencia? La novela rehúye el heroísmo: la joven es vulnerable, a veces se equivoca, negocia límites y aprende a decir no.
5) Voz y forma
Capítulos cortos, frases tensas, primera persona con escenas fragmentarias. La sintaxis recorta lo que no puede nombrarse del todo; los silencios valen tanto como lo dicho. El ritmo procede por casos, pero el arco emocional es el de una educación sentimental en medio del horror.
6) Espacio y clase
El conurbano funciona como personaje: baldíos, basurales, arroyos contaminados, casas precarias, rutas. No es postal miserabilista; es ecosistema con códigos propios, afectos y peligros. La tierra, literal y simbólica, condensa pertenencia y muerte.
7) Política de la mirada
Reyes evita regodearse en los crímenes. La narradora mira con pudor y rabia. Hay deseo (erótico y de vivir), música, amistades: no todo es trauma. Esa complejidad impide leer la novela solo como denuncia; es también una poética de cuidado.
Temas y motivos para profundizar
-
Tierra: sabor, textura, procedencia → memoria material del territorio.
-
La casa: umbral por donde entra la comunidad (y el peligro).
-
El río/baldío/basural: sitios de descarte → geografía del crimen.
-
Hermandad/sororidad: mujeres que sostienen, enseñan, advierten.
-
Lenguaje: lunfardo/coloquial como autenticidad y resistencia.
Guion para club de lectura
Objetivos
-
Explorar cómo la novela representa la violencia de género sin estetizarla.
-
Debatir la ética del don y los límites del cuidado.
-
Leer la tierra como símbolo político y poético.
Estructura sugerida (90 minutos)
-
Apertura (10’): expectativas + advertencia de contenidos (femicidio, violencia, abuso).
-
Contexto (10’): conurbano, desaparecidas, redes de búsqueda.
-
Lectura guiada (20’): pasajes clave (ver abajo).
-
Debate central (40’): preguntas.
-
Cierre (10’): resonancias personales y lecturas puente.
Preguntas para discusión
-
¿Qué implica comer la tierra y no solo tocarla/olerla? ¿Qué añade esa materialidad?
-
¿El don es bendición, castigo o trabajo comunitario? ¿Quién decide cómo usarlo?
-
¿Cómo construye la novela la ausencia sin morbo? ¿Dónde corta la mirada?
-
¿Qué instituciones aparecen (policía, escuela, salud) y cómo se las representa?
-
¿Dónde hallan la protagonista y su hermano espacios de ternura o respiro?
-
¿Qué límites le pone la narradora a quienes la buscan? ¿Cuándo dice que no y por qué?
-
¿Cómo opera el lenguaje (coloquial, elipsis) en la experiencia de lectura?
-
¿Qué papel cumple el territorio (calles, baldíos, ríos) en la trama?
-
¿El final les resultó esperanzador, trágico o abierto? ¿Por qué?
-
Si la tierra guarda memoria, ¿qué otras “materias” podrían guardar historias en sus contextos?
Pasajes sugeridos (sin citas extensas; las referencias pueden variar por edición)
-
Inicio: el descubrimiento del don tras la muerte de la madre. Úsese para discutir origen y costo del poder.
-
Primera consulta vecinal: llegada de una madre con tierra en un frasco. Tensión entre necesidad y explotación.
-
Visión en el basural o a la vera del río: paisaje como cómplice/archivo.
-
Escena de negociación con autoridades/policía: límites éticos e institucionales.
-
Momento de cuidado con el hermano o amiga: contrapeso afectivo frente al horror.
-
Cierre/últimos capítulos: decisión de la protagonista respecto de su don y su autonomía.
Actividades opcionales
-
Mapa del dolor y del cuidado: dibujar el barrio marcando lugares de violencia y de sostén; debatir por qué unos espacios se repiten.
-
Bitácora sensorial: describir “sabores de tierra” metafóricos asociados a recuerdos propios del territorio.
-
Puentes de lectura: comparar con Distancia de rescate (Schweblin), Las cosas que perdimos en el fuego (Enríquez) o Temporada de huracanes (Melchor): similitudes y diferencias en mirada, violencia y voz.
Pistas para facilitación
-
Cuidar tiempos y sensibilidades; ofrecer salida a quien lo necesite.
-
Evitar detalles explícitos innecesarios sobre los crímenes.
-
Centrar la conversación en agencia, redes y lenguaje, no solo en el horror.
Cierre
Cometierra convierte un gesto extremo—tragar tierra—en una poética de búsqueda y una política del cuidado. La novela no explica el misterio: lo acompaña. Ahí radica su fuerza.
